By El Espectador. El año pasado, cuando la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer clasificó como “probablemente cancerígeno” al glifosato, Colombia se enfrentó a una gran controversia. Las fumigaciones aéreas para acabar con los cultivos de coca se seguían haciendo con ese herbicida.

Entre los principales investigadores que estaban de acuerdo con suspender las aspersiones estaba Daniel Mejía, Ph.D. en economía de la U. de Brown y exdirector del Centro de Estudios de la U. de los Andes. Para él, el país contaba con suficiente soporte científico para evaluar las políticas de fumigación. De ese soporte formaban parte sus investigaciones, entre ellas una que aseguraba que la aspersión incrementa en 0,2% la probabilidad de tener algún problema de piel y amplía en 0,025% la posibilidad de un aborto.

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