By Sergio Chaparro for VICE. En América Latina el uso de la cárcel como respuesta frente a las drogas ha afectado desproporcionadamente a las mujeres. La mayoría son detenidas por realizar tareas de bajo nivel pero de alto riesgo (por ejemplo: distribución de drogas a pequeña escala o transporte de las mismas).

Estas mujeres, que rara vez representan una amenaza para la sociedad, terminan involucrándose en los mercados de drogas como una forma de enfrentar la pobreza o, a veces, porque un familiar las fuerza a hacerlo. Muchas de ellas son responsables del cuidado de niños y niñas, jóvenes, personas mayores o que tienen discapacidades. Si bien es cierto que el número de hombres privados de la libertad es mayor, los niveles de encarcelamiento de mujeres están creciendo a una tasa más rápida: la población femenina en cárceles en la región ha aumentado 51,6% entre el 2000 y el 2015, en comparación con un 20% para el caso de los hombres.

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