By Arlene B. Tickner for El Espectador. La situación humanitaria, medida en homicidios, masacres, desplazamientos forzados y secuestros, se volvió de las peores del mundo, mientras que el Proceso 8.000 y el ostracismo internacional contra lo que se tildaba de una “narcodemocracia” desestabilizaron al Estado más allá de su anemia crónica.

A la luz de esta crisis, los gobiernos de Andrés Pastrana y Álvaro Uribe acudieron a Estados Unidos para invitarlo a intervenir de forma más activa en el país. El resultado fue un gigantesco programa de asistencia que entre 2000 y 2015 superó los US$9.000 millones. Pese a que Pastrana también intentó negociar con las Farc mientras buscaba fortalecer el Estado de la mano de Washington, los componentes sociales del Plan Colombia vinculados a la paz palidecieron al lado de los militares asociados con la modernización y profesionalización de las Fuerzas Armadas, y la lucha contra las drogas, con lo cual algunos críticos, incluyendo la guerrilla, lo denunciaban como un plan de guerra.

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