By Jorge Hernández Tinajero for Horizontal. En el debate de las drogas, el lenguaje es uno de los primeros frentes de batalla. Aun sin darse cuenta, la gran mayoría de personas que entra en esta discusión repite muletillas y frases hechas que impiden el desarrollo de un diálogo democrático y respetuoso entre todos los interlocutores. En este debate, la crítica es necesaria; la difamación y la calumnia, en cambio, entorpecen el intercambio al introducir lo que de hecho son insultos que muchos pronuncian sin siquiera notar que lo están haciendo.

Esto viene al caso por la insistencia de numerosos comentaristas —algunos casuales, pero también especialistas— en utilizar términos inaceptables para referirse a los usuarios de drogas. Para estos comentaristas, cualquier uso de drogas es sinónimo de adicción, al igual que lo es para las instituciones del Estado. La Encuesta Nacional de Adicciones, por ejemplo, es representativa de esta confusión. La Encuesta no reporta sobre las adicciones en específico, sino sobre el uso cuantitativo de las drogas en el país, pero comprende la “adicción” como cualquier uso de drogas, así haya sido una sola vez en la vida. En este contexto, todo usuario es un adicto.

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