By Javier Romero for Sinembargo. Villavicencio, departamento de Meta, Colombia. En esta ciudad de medio millón de habitantes —apenas a 80 kilómetros de Bogotá, pero alejada de la capital por la orografía, debido a la cual se hacen casi cuatro horas por carretera hasta esta entrada al llano, fértil y propicio para la ganadería— se está llevando a cabo el IV Diálogo sobre política de drogas: una perspectiva regional, organizado por el Ministerio de Justicia y del Derecho de la República, junto con la fundación Ideas para la Paz y con la colaboración de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, la malhadada UNODC, que, sin embargo, participa en esta iniciativa gubernamental colombiana, parte del proceso de paz con la guerrilla de las FARC promovido por el presidente Juan Manuel Santos, bien encaminado a pesar de los obstáculos ingentes que aún debe sortear.

Pocos países en el mundo han vivido la tragedia de la guerra contra las drogas como Colombia. Si bien la guerrilla revolucionaria y su cauda de violencia preceden a la desatinada política de combate radical a la producción y oferta de sustancias psicoactivas promovida por el gobierno de Estados Unidos, la existencia de un mercado clandestino perseguido con denuedo, junto a las condiciones geográficas y sociales propicias para el cultivo de la hoja de coca y la producción de cocaína, le echaron gasolina a la hoguera de la guerra de guerrillas y dotaron a los rebeldes de una fuente ingente de recursos para comprar armas y mantener a sus huestes.

Gracias a las series de televisión y al cine tenemos mucha información sobre los carteles colombianos más conspicuos, aunque ésta no sea siempre fidedigna. Pablo Escobar es el antihéroe por excelencia de la nueva mitología regional y no han faltado las versiones maquilladas de la brutalidad de sus acciones, que sumieron a Colombia en el terror durante los años ochenta y primeros noventa del siglo pasado. Menos se sabe, en cambio, de la tragedia provocada a miles de familias y pueblos por las acciones guerrilleras, de pretendido afán justiciero.

Read more… 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

Category

Uncategorized